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P'aquí, p'allá
01 La historia de P'aquí, p'allá
“P'aquí, p'allá” pertenece a *A golpes de Rock'n'Roll*, el segundo álbum de La Fuga, publicado en 2000. La canción está compuesta por Raúl Gutiérrez Andérez, Rulo, que entonces apenas había dejado atrás la adolescencia y todavía estaba muy lejos de la vida de músico profesional que acabaría teniendo. La escribió con diecinueve años, en Reinosa, mientras trabajaba como pinche de fontanero y La Fuga empezaba a tocar en pequeños bares y salas de Cantabria. Esa circunstancia cambia por completo la forma de entenderla: no nació como el relato satisfecho de alguien que ya vivía de gira, sino como la imaginación de la vida que deseaba alcanzar.
Rulo ha contado que aquellos primeros años fueron bastante menos románticos de lo que después puede sugerir la mitología del rock. Los miembros del grupo ganaban poco, tocaban donde podían y reinvertían prácticamente todo lo que conseguían en mejorar el equipo o disponer de una furgoneta. Su compromiso era tan absoluto que habían establecido una regla interna: el trabajo cotidiano no podía convertirse en la razón para rechazar un concierto. La música debía ir primero aunque todavía no pagara las facturas. La Fuga avanzó así, sin un salto repentino hacia el éxito, acumulando kilómetros, bares, escenarios modestos y pequeñas conquistas. Rulo recordaría años después que uno de sus primeros signos de progreso fue algo tan poco glamuroso como terminar una actuación y descubrir que, por primera vez, ellos no tenían que desmontar el escenario.
En ese contexto apareció “P'aquí, p'allá”. Rulo la ha descrito como un deseo convertido en canción: quería permanecer en movimiento, viajar, conocer gente y conseguir que la música fuese su forma de vivir. Por eso resulta especialmente llamativo escucharla con la perspectiva del tiempo. Aquello que un joven trabajador imaginó desde Reinosa terminó pareciéndose mucho a su biografía posterior. Décadas de discos, carreteras, conciertos y giras por distintos países hicieron que la canción adquiriera una condición casi premonitoria. No porque adivinara mágicamente el futuro, sino porque dejó por escrito una decisión antes de saber si iba a funcionar.
También se conserva el recuerdo de su primera escucha. Después de pasar buena parte de una noche trabajando en la canción, Rulo quedó con Fito Garmendia, compañero de La Fuga y uno de sus amigos más cercanos, en El Bodegón, un bar situado junto al Ayuntamiento de Reinosa. Antes de ir al ensayo sacó una pequeña grabadora y le enseñó la maqueta porque tenía la sensación de que aquella pieza era diferente. La intuición fue buena. Con el tiempo se convirtió en una de las canciones más identificadas con La Fuga y en una de las pocas de aquella etapa que Rulo ha seguido interpretando habitualmente después de iniciar su carrera con Rulo y la Contrabanda. En 2024 todavía la señalaba como su favorita del repertorio de La Fuga.
Quizá su permanencia tenga que ver precisamente con que nunca necesitó inventar una gran epopeya. Habla desde una aspiración humilde y reconocible: decidir qué clase de vida quieres antes de disponer de garantías para conseguirla. La ironía es que la canción que nació fantaseando con escapar de la rutina terminó acompañando durante décadas a la persona que consiguió hacerlo.
02 La emoción
La emoción central de “P'aquí, p'allá” es la libertad entendida no como ausencia de problemas, sino como elección. Hay cansancio, noches demasiado largas, relaciones que vienen y se van y una vida poco compatible con la estabilidad. Pero nada de eso aparece como una factura inesperada. Forma parte del precio que el protagonista acepta pagar por no quedarse inmóvil. Lo verdaderamente importante no es estar siempre de viaje: es sentir que la dirección de tu vida te pertenece.
Ahí está también su parte más universal. Casi todos imaginamos alguna vez una versión distinta de nuestra existencia, pero entre imaginarla y caminar hacia ella hay un espacio enorme. La canción vive justo en ese espacio. Rulo todavía no tenía la carretera, ni las giras, ni el reconocimiento; tenía el deseo y la decisión de probar. Por eso, debajo de la superficie nocturna y rockera, hay una idea mucho más luminosa: algunas vidas no vienen con un camino preparado. Primero hay que echarse la mochila al hombro y empezar a andar. La seguridad aparece después, si aparece. La libertad empieza antes.
03 La ilustración: el símbolo de P'aquí, p'allá
Un viajero lleva la música a la espalda mientras el camino se construye únicamente a medida que avanza.
La imagen convierte esa idea en una escena muy sencilla. Una figura joven camina de espaldas hacia un horizonte abierto con una mochila oscura. De su interior escapan unas pocas notas musicales encendidas en ámbar. Ese es el primer tiempo de lectura: alguien se marcha llevando consigo la música. No necesita escenario, público ni instrumento. Lo único que carga es aquello que ha decidido convertir en su manera de estar en el mundo.
El segundo tiempo está en el suelo. La carretera no espera al personaje trazada hasta el horizonte: aparece bajo sus pasos y se va formando conforme avanza. La perspectiva invierte así la lógica habitual del viaje. No vemos a alguien siguiendo una ruta, sino a alguien produciéndola. El resplandor cálido de la mochila y del camino conecta ambas ideas: aquello que lleva dentro es también lo que hace posible avanzar. El horizonte permanece vacío porque el futuro de Rulo, cuando escribió la canción, también lo estaba. No sabía dónde acabaría; solo sabía que quería moverse. La ilustración resume así la apuesta que terminó definiendo su vida: no encontró un camino hacia la música; lo construyó caminando.
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