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Landslide
01 La historia de Landslide
“Landslide” apareció en 1975 dentro de *Fleetwood Mac*, el décimo álbum de estudio del grupo y el primero de su etapa con Stevie Nicks y Lindsey Buckingham. Pero la canción era anterior a aquella formación. Nicks la había escrito en Aspen, Colorado, en 1973, cuando su futuro musical estaba muy lejos de parecerse al de una futura estrella del rock. Ella y Buckingham acababan de publicar *Buckingham Nicks*, un disco que no funcionó comercialmente como esperaban y que terminó dejándolos fuera de Polydor. Mientras Buckingham encontraba trabajo temporal acompañando a Don Everly, Nicks se quedó en Colorado enfrentándose a una pregunta bastante menos romántica que cualquier mito posterior: continuar persiguiendo una carrera musical incierta o abandonar aquella vida y volver a estudiar.
La propia Nicks ha recordado muchas veces la escena. Estaba sentada en el suelo de una casa de Aspen, con su guitarra Goya, mirando las montañas nevadas. Aquel paisaje enorme terminó funcionando como espejo de su situación. La relación con Buckingham atravesaba dificultades, el proyecto musical de ambos parecía agotado y ella no tenía ninguna garantía de que insistir fuese a servir para algo. Su padre le había ofrecido una salida razonable: darle unos meses más a la música y, si no funcionaba, ayudarla a regresar a la universidad. “Landslide” nació justo en ese cruce. Nicks terminaría explicando que, al escribirla, decidió conceder otra oportunidad tanto a la relación con Buckingham como a la música. Poco después ocurrió uno de esos giros que parecen inventados retrospectivamente: Mick Fleetwood invitó a Buckingham a incorporarse a Fleetwood Mac y él puso como condición que Nicks entrara también. La canción de alguien que dudaba si seguir se convirtió así en una de las primeras piezas que llevó consigo a la nueva etapa.
La grabación de 1975 conserva precisamente esa fragilidad. Nicks figura como única compositora y la interpretación se apoya en su voz y en la guitarra de Buckingham, sin necesidad de convertir la canción en una gran producción. Tampoco fue lanzada originalmente como sencillo, pero terminó creciendo por otro camino: conciertos, versiones y décadas de identificación personal por parte del público. Smashing Pumpkins la reinterpretaron en los noventa y The Chicks la llevaron de nuevo a las listas en 2002. Fleetwood Mac publicó además una versión en directo asociada a *The Dance*, que sí entró en Billboard en 1998. Lo extraordinario es que una canción nacida de una decisión privada terminara convertida en una especie de espejo colectivo.
Más de medio siglo después apareció una última capa difícil de imaginar en 1973. El 29 de agosto de 2026, Stevie Nicks subió al escenario del festival Daisy Chain Fields, creado por Olivia Rodrigo en Irvine, California, y ambas interpretaron juntas “Landslide”. Nicks había hablado anteriormente de la afinidad que sentía con Rodrigo y de cuánto le recordaba a ella misma cuando era joven. La escena convirtió el significado de la canción en algo casi visible: una mujer que escribió sobre el miedo a cambiar cuando apenas sabía qué sería de su vida cantándola junto a otra artista de una generación completamente distinta. La montaña seguía allí; quienes la recorrían habían cambiado.
02 La emoción
“Landslide” habla del vértigo que aparece cuando comprendemos que nuestra vida está cambiando aunque todavía no sepamos hacia dónde. No es simplemente miedo a hacerse mayor y tampoco una canción de ruptura convencional. Su fuerza está en ese instante previo a una decisión importante, cuando miramos todo lo construido y descubrimos que ninguna parte de ello está garantizada. Una relación puede transformarse, una vocación puede fracasar, una versión de nosotros mismos puede quedarse atrás. Crecer consiste también en aceptar que no podemos conservar cada paisaje exactamente como lo conocimos.
Por eso la canción envejece de una forma tan particular. A los veinticinco años puede hablar del temor a elegir mal; décadas después puede hablar de mirar hacia atrás y reconocer cuánto ha cambiado quien tomó aquella decisión. La interpretación junto a Olivia Rodrigo añade una dimensión generacional sin alterar su núcleo. Una persona joven mira hacia un futuro todavía abierto mientras otra puede contemplar ya buena parte del camino recorrido. Ninguna posee una respuesta definitiva. Solo ocupan lugares distintos de la misma montaña. Ahí está su emoción más hermosa: cambiar asusta, pero quedarse inmóvil también tiene un precio.
03 La ilustración: el símbolo de Landslide
Dos momentos de una misma vida unidos por un camino luminoso a través de la montaña.
La ilustración convierte esa idea en una montaña enorme, fría y oscura atravesada por un único sendero. Sobre él aparecen dos pequeñas figuras femeninas anónimas, situadas a distinta altura. Ese es el primer tiempo de lectura: dos personas recorriendo un mismo camino, separadas por la distancia y por el tiempo. La escala de la montaña hace que ambas parezcan vulnerables frente a algo mucho más grande que ellas, mientras el recorrido ascendente introduce la incertidumbre de no saber exactamente qué espera después de cada curva.
El segundo tiempo está en la luz. Entre ambas figuras aparece una franja dorada continua que recorre el sendero y las une visualmente, como si no fueran únicamente dos mujeres diferentes sino dos edades posibles de una misma persona. Ahí la imagen conecta la Stevie Nicks que escribió “Landslide” en Aspen con la mujer que continúa cantándola más de cincuenta años después, y permite también que Olivia Rodrigo ocupe ese extremo joven sin convertir la obra en un retrato de celebridades. El azul grisáceo mantiene la montaña en un presente frío y silencioso; el dorado reserva toda la calidez para aquello que permanece entre las distintas versiones de nosotros mismos. La montaña cambia de escala según desde dónde la miremos, pero el camino sigue siendo uno.
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