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LN Granada
01 La historia de LN Granada
“LN Granada” apareció en 2010 dentro de *Electroviral*, el primer álbum de Supersubmarina. Fue uno de los temas que ayudaron a fijar muy pronto el universo del grupo de Baeza: guitarras, electricidad, deseo, imágenes casi cósmicas y una manera de convertir lugares reales en territorios sentimentales. El disco fue producido por Óscar Clavel y los créditos atribuyen letra, música y arreglos a Supersubmarina. Hay además una pequeña incógnita que el grupo decidió conservar para siempre: nunca quisieron revelar qué significan exactamente las letras “LN”. Cuando se lo preguntaron directamente, respondieron que era un secreto que moriría con ellos.
La relación con Granada, en cambio, nunca fue un secreto. Chino vivió allí durante un año y Pope también estudió y residió en la ciudad. Cuando les preguntaron por qué habían escrito una canción sobre ella, la respuesta fue mucho menos intelectual de lo que uno podría esperar: Granada tenía algo difícil de explicar que atrapaba a casi todo el mundo que pasaba por allí. Esa relación personal está en la raíz de la canción, que mezcla la ciudad física con otra Granada imaginada, sentimental y nocturna. No es una guía turística puesta en música. Es una ciudad recordada desde el deseo.
Con el tiempo ocurrió algo que ni siquiera el propio Chino esperaba. Antes del accidente de la banda ya hablaba de “LN Granada” como una canción que había dejado de pertenecerles. En 2016 reconocía que se había convertido casi en un himno para la ciudad, para Granada Sound y, sobre todo, para una generación de personas que habían estudiado, vivido, amado o salido de noche allí. Contaba con orgullo que muchos oyentes utilizaban la canción como una especie de máquina del tiempo: bastaban sus primeros compases para volver a una etapa concreta de sus vidas. Para él, que una obra terminara integrada en los recuerdos de desconocidos era la recompensa máxima de un artista.
Esa historia adquirió después un peso inesperado. El 14 de agosto de 2016, Supersubmarina regresaba hacia Baeza después de actuar en el Medusa Festival de Cullera. Cerca ya de casa, en la N-322 a la altura de Úbeda, el vehículo en el que viajaban sufrió un violentísimo choque frontolateral con una furgoneta de reparto. Dentro iban José Marín “Chino”, Juan Carlos Gómez “Juanca”, Antonio Cabrera “Pope”, Jaime Gandía y su road manager. Los cuatro músicos sufrieron lesiones gravísimas y su carrera quedó detenida en cuestión de segundos justo cuando la banda estaba en uno de sus momentos de mayor éxito.
Pope, que conducía en ese momento, sufrió la rotura del fémur y varias costillas. Jaime padeció fracturas graves en la pierna, una rotura de bazo y complicaciones que lo llevaron a pasar por más de treinta operaciones para evitar la amputación. Juanca permaneció 47 días en la UCI y más de veinte en coma inducido. Chino sufrió las consecuencias más graves: un traumatismo craneoencefálico severo, múltiples lesiones y 31 días en coma. Cuando despertó apenas podía mover los ojos y tuvo que reconstruir aprendizajes básicos durante una rehabilitación larguísima. Años después seguía arrastrando secuelas neurológicas que condicionaban por completo la posibilidad de volver a ser el músico que había sido.
El accidente no solo detuvo los conciertos. También rompió la vida cotidiana de cuatro amigos que se conocían desde niños. Durante años dejaron de hablar públicamente, pero también llegaron a perder parte del contacto entre ellos. Cada uno estaba ocupado sobreviviendo a sus propias heridas físicas y psicológicas. La expectativa permanente de un posible regreso, alimentada por el cariño de los fans y de los festivales, convivía con una realidad mucho más dura: el grupo seguía existiendo porque sus cuatro miembros seguían vivos, pero no podía funcionar como antes.
En 2024 rompieron finalmente ocho años de silencio público. Junto al periodista Fernando Navarro presentaron *Algo que sirva como luz*, el libro construido a partir de dos años de conversaciones con ellos, sus familias, médicos y personas cercanas. El proceso terminó funcionando también como una forma de terapia y reconciliación. Volvieron a aparecer juntos y recuperaron su primera maqueta, pero evitaron convertir aquello en una promesa de regreso. Su prioridad era mucho más sencilla: acompañar a Chino, reconstruir la amistad y vivir día a día.
Desde esa perspectiva, “LN Granada” ha adquirido todavía otra capa. Sigue siendo una canción de 2010 sobre una ciudad y un deseo, pero también pertenece ya a la memoria de una banda que quedó suspendida en el tiempo. Granada la había hecho suya antes del accidente; después, escucharla implica también recordar todo lo que Supersubmarina fue y todo lo que quedó interrumpido. La canción no es un himno oficial de la ciudad, ni necesita serlo. Es algo más íntimo: una contraseña generacional. Para muchos, Granada no se recuerda únicamente con imágenes. También suena.
02 La emoción
“LN Granada” habla de esa extraña capacidad que tienen algunos lugares para mezclarse con una persona hasta resultar inseparables. A veces no sabemos si echamos de menos una ciudad, a alguien que conocimos allí o la versión de nosotros mismos que existía entonces. Todo queda fundido. Las calles almacenan conversaciones, noches, primeros pisos, amistades, rupturas y decisiones que solo parecían pequeñas cuando ocurrieron.
Por eso Granada funciona aquí casi como un estado emocional. Quien ha pasado una etapa importante en una ciudad termina fabricando una segunda ciudad que solo existe dentro de su memoria. Esa Granada personal puede seguir intacta aunque cambien los bares, las personas se marchen y hayan pasado quince años. Basta una canción para volver.
En el caso de Supersubmarina hay ahora una melancolía adicional imposible de separar por completo de la obra. Sabemos que aquellos cuatro amigos que llenaban festivales vieron cómo su vida cambiaba en unos segundos. Sin embargo, la canción sigue circulando, bailándose y acompañando a gente nueva. Hay algo profundamente hermoso en eso: el tiempo pudo detener a la banda, pero no pudo detener aquello que ya habían dejado dentro de los demás.
03 La ilustración: el símbolo de LN Granada
Granada convertida en un planeta íntimo alrededor del que siguen orbitando quienes alguna vez la vivieron.
La ilustración lleva esa idea al extremo surrealista. Granada ya no aparece como una ciudad situada sobre un mapa, sino como un pequeño mundo suspendido en mitad de un universo azul. La Alhambra, las colinas, los barrios y las luces parecen crecer sobre una masa rocosa que, al segundo vistazo, adopta la forma de un rostro humano. Ciudad y recuerdo se han convertido literalmente en la misma cosa.
El primer tiempo es la Granada-planeta: un lugar tan importante para quien lo vivió que adquiere gravedad propia. Un anillo dorado la rodea y sobre él bailan dos figuras diminutas. Ese baile no representa una pareja concreta; puede ser cualquier amor, amistad o noche que quedó asociada para siempre a la ciudad. La escala es deliberadamente absurda: las personas son pequeñas, pero el recuerdo que construyeron es enorme.
El segundo tiempo está en ese rostro casi oculto. Granada deja de ser geografía y se convierte en memoria humana. Las calles ocupan el lugar donde deberían estar los pensamientos y las luces aparecen como recuerdos todavía encendidos. El anillo funciona a la vez como órbita y como bucle: podemos marcharnos de una ciudad, pero ciertos lugares continúan girando alrededor de nosotros durante toda la vida.
El azul oscuro mantiene la identidad de la colección, mientras el ámbar concentra la emoción en las ventanas, la arquitectura y esa órbita luminosa. No queríamos pintar Granada tal como es, sino tal como permanece después de haberla amado. Porque hay ciudades que visitas y ciudades que, muchos años después, todavía viven dentro de ti.
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